DISTRIBUCIÓN

 
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Mimetismo en las serpientes
En áreas donde su distribución coincide, algunas serpientes imitan a otras para eludir la depredación. Por ejemplo, la serpiente de leche que aparece en la parte derecha de la imagen es muy similar a la venenosa serpiente coral. La estrategia tiene éxito, ya que algunas aves depredadoras jóvenes la rehúyen de forma instintiva por los dibujos de anillos rojos y amarillos que imita de la serpiente coral.


Las serpientes viven en las partes más cálidas del mundo, a excepción de algunas islas oceánicas. En Europa llegan hasta el círculo polar ártico, pero su número desciende de forma rápida al aumentar la latitud. Se conocen unas 2.500 especies, agrupadas en ocho o diez familias, dependiendo del sistema de clasificación utilizado para algunas serpientes excavadoras y arborícolas. La familia Colúbridos es la más grande y comprende las especies más comunes en todo el mundo, a excepción de Australia, donde la familia Elápidos es la dominante. Este segundo grupo engloba algunas de las serpientes más mortíferas del mundo, como las mambas, las cobras y las serpientes de coral. Otros dos grupos importantes de serpientes venenosas son el de los crótalos, entre los que incluye a la serpiente de cascabel, la surucucú y la labaria o nauyaca real de la familia Crotálidos, y el de las verdaderas víboras, como la víbora europea, de la familia Vipéridos, en la que a veces se engloban ambos grupos. Las serpientes más grandes del mundo pertenecen a la familia Boidos, que comprende las boas y las pitones. Algunos miembros de esta familia no alcanzan nunca una longitud superior a los 0,6 m; los gigantes de la familia pueden llegar, en ocasiones, a medir más de 9 metros.
Las serpientes, debido a sus hábitos carnívoros, desempeñan un papel importante en el mantenimiento del equilibrio natural, especialmente en lo que se refiere al control de plagas como las de roedores, que tienden a multiplicarse a gran velocidad. Las serpientes prestan, por lo tanto, importantes servicios a la agricultura, al limitar el crecimiento de poblaciones de especies dañinas.