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ESTRUCTURA Y FUNCIÓN
 
 
Esqueleto de una serpiente

Una serpiente puede tener hasta 400 vértebras, lo que le da gran flexibilidad de movimientos. Las vértebras permiten también la fijación de sus poderosos músculos, responsables de la locomoción, la captura de presas y su ingestión.
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Anatomía de una serpiente

Los órganos abdominales de la mayoría de los vertebrados están agrupados en una cavidad abdominal restringida. En las serpientes están alineados en una cavidad alargada, modificada en función de la extensión de la columna vertebral.
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Serpiente engullendo a su presa

Las serpientes, todas ellas carnívoras, se alimentan de un modo peculiar. La mandíbula inferior, formada por dos huesos unidos en la barbilla por un ligamento elástico, puede abrirse para dar cabida a animales enteros, desde ratones hasta animales del tamaño de un ciervo o venado. El roedor de la imagen ha sido engullido con la cabeza por delante, tanto para impedirle morder mientras estaba vivo como para facilitar su paso. Según el tamaño, puede tardar hasta una semana en digerir la presa.
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El cuerpo largo y delgado de las serpientes contiene gran número de vértebras —nunca menos de 100 y a veces más de 300—, cada una de ellas con un par de costillas, las dos primeras conectadas a la cabeza. El esqueleto es de estructura ligera y está modificado para permitir gran libertad de movimientos. En particular, las piezas del cráneo gozan de gran movilidad y puede estirarse en varias direcciones, lo que permite a la serpiente tragarse presas grandes en relación con el tamaño de la cabeza y el cuerpo. Esta movilidad puede apreciarse muy en especial en los dos huesos de la mandíbula inferior, que están sujetos al cráneo por un hueso corto y móvil, y unidos en la parte delantera por medio de un ligamento elástico. Ambas mandíbulas disponen de gran número de dientes afilados, similares a agujas, todos ellos curvados hacia atrás, en dirección al fondo de la boca. Están dispuestos en seis hileras paralelas al eje longitudinal de la cabeza —es decir, dos hileras a cada lado de la mandíbula superior y una a cada lado de la inferior—. Excepto en las especies venenosas, los dientes son macizos y son reemplazados cada cierto tiempo. Cuando la serpiente captura una presa, los dientes curvados le permiten sujetarla con firmeza. La presa muere rápidamente y es engullida por movimientos alternos de las hileras de dientes, que hacen que entre en la boca. Cuando pasa a través de ella, la presa queda cubierta de saliva; contrariamente a la creencia popular, las serpientes no cubren de saliva a sus presas antes de metérselas en la boca. La mayor parte de éstas son engullidas rápida y fácilmente, pero una presa realmente grande puede requerir varias horas. Las grandes pitones pueden consumir animales que pesen hasta unos 68 kg, pero se trata de un proceso laborioso.
La serpientes venenosas tienen dos dientes huecos, que son en cierto modo similares a una jeringuilla hipodérmica y reciben el nombre de colmillos, en la parte delantera de la mandíbula superior. Al igual que los demás dientes, son reemplazados periódicamente y el colmillo nuevo crece antes de que el viejo se caiga. Así pues, durante un breve espacio de tiempo, la serpiente puede tener dos colmillos a cada lado de la mandíbula. En los solenoglifos, un nutrido grupo de serpientes que engloba a las serpientes de cascabel y las víboras, el hueso que sustenta el colmillo está sujeto al cráneo de tal modo que éste puede plegarse hacia atrás, hacia el interior de la boca, cuando no lo están usando. Las cobras y las serpientes coral representan a otro gran grupo de serpientes, el de los proteroglifos, en el que los colmillos no son móviles, sino que están constantemente erectos. Están conectados por medio de un conducto del veneno a las dos glándulas venenosas, que son glándulas salivares modificadas, situadas a ambos lados de la cabeza detrás de cada ojo. La serpiente tiene que morder para inyectar su veneno; ninguna serpiente tiene aguijón en la cola. Pueden morder en cualquier momento y desde cualquier posición, incluso debajo del agua. Normalmente atacan desde una posición defensiva, que consiste en enroscarse sobre sí mismas y proyectar la cabeza y parte del cuerpo hacia la víctima. Cuando la cabeza emerge de los anillos, lleva ya la boca abierta de par en par. Los solenoglifos clavan sus colmillos erectos en su objetivo y normalmente los retiran de inmediato, con o sin mordedura. Los proteroglifos suelen morder y mantener la mordida durante varios segundos. Una interesante modificación, presente sólo en las especies arborícolas, permite a éstas escupir o proyectar su veneno en forma de un delgado chorro hacia los ojos de su enemigo, alcanzando distancias de 2,4 m. Si el veneno llega a los ojos, puede producir ceguera. Este mecanismo sólo se utiliza como defensa y nunca para obtener comida.